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La cocina catalana y española

La cocina catalana es una cocina mediterránea elaborada e imaginativa que suele sorprender gratamente a los visitantes. Yo soy una catalana poco amante de los fogones pero me encanta comer. Con el tiempo he podido observar cómo amigos de fuera de Cataluña se sorprendían ante recetas con las que yo había crecido y que creía internacionales, como por ejemplo el pan con tomate. ¡Cuál no fue muy sorpresa al constatar que fuera de aquí el pan de los bocadillos no se untaba con tomate!. A continuación hemos elaborado una lista con los que consideramos los principales platos de la cocina catalana:

Anchoas de la Escala: Recuerdo la sorpresa de una amiga francesa cuando nos vio desayunar un gran bocadillo de anchoas de la Escala en Cadaqués (en vez de café con leche y croissant, como ella esperaba).

Arròs negre (arroz negro): El plato más famosos de la Costa Brava, es una contribución imaginativa a la cocina catalana que combina arroz, calamares, rape, marisco, cebolla, ajo, tomate, caldo de pescado, aceite de oliva y la imprescindible tinta de calamar que le da un sabor inigualable.

El allioli: Para acompañar las carnes a la brasa.

El cava: Elaborado en las bodegas del Penedés, una lograda versión del champán francés, ideal para acompañar con coca la noche de San Juan.

El chocolate suizo: chocolate espeso con nata, la especialidad de la calle Petritxol y de las “Granjas Catalanas” de Barcelona.

Fideuà: ¡Una paella de fideos! Originario de Gandia, en el País Valencià: fideos finos, sepia, almejas y all i oli.

La butifarra: A la brasa con judías blancas.

La coca: En todas sus variedades, todo el año. Desayuno, merienda o verbenas.

La crema catalana: Servida en cazuela de barro, con una capa de azúcar quemado en la superficie. A los ingleses les chifla.

La ensaimada: Ideal para el desayuno o la merienda. Es la especialidad de Mallorca, no se puede volver de un viaje a la isla sin ella.

La escalibada: A base de pimientos, berenjenas, cebollas y tomate, a la brasa o al horno. La mejor, la que hace mi madre en la chimenea de la casa familiar de veraneo, en Moià.

La escudella i carn d’olla: un potaje con la vianda servida a parte, ideal en Navidad.

Las espinacas a la catalana: Cocinadas con piñones y pasas.

Las habas a la catalana: cocinadas con butifarra negra, la especialidad de mi amiga francesa Muriel.

Los buñuelos: (Cuaresma). Parecen rellenos de viento, pero ojo, engordan.

Los canelones: Caseros, lo mejor de las Fondas de los pueblos.

Los embutidos: Especialmente el fuet, la butifarra blanca, la catalana y el bull (un butifarrón que mi amigo escocés, al verlo entero en la nevera de mi casa, le recordó al Hag.gis de su tierra).

Los rovellons: (Otoño). A la brasa con picadillo de ajo y perejil. Los mejores, los de que recoge mi amiga Isabel en su masía de Lluçà.

Mel i mató: Queso fresco (mejor si es de Montserrat) y miel. Uno de mis postres favoritos.

Pa de pagés: Pan redondo cocido al fuego de leña, el ideal para hacer rebanadas de pan con tomate.

Postre de músico: Frutos secos (normalmente acompañados de un vasito de moscatel). Los músicos de las orquestas de los bailes, siempre con prisas, solían llevárselo en el bolsillo e ir comiéndolo durante las largas actuaciones del domingo por la tarde.

Sopa de galets: El caldo de la escudella con unos enormes caracoles de pasta.